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LEOPOLDO MINAYA

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Leopoldo Minaya

Poemas de LEOPOLDO MINAYA

LOS AMANTES

 

¿Quién desafía al guerrero invencible

colocado a la puerta de una muerte segura?

Los amantes.

Ellos paralizan estancias,

bajo penumbra se eternizan secretos,

abren el anochecer

y sus portales

celebrando la fiesta del tacto en carne viva;

ellos ven sin hablar el levante de un astro

e invocan con afán la estación de las lluvias.

Como amantes,

como Dresde,

giramos destruidos,

destruidamente edificados,

vigorosamente consumidos,

enamoradamente enamorados.

 

DEL ABRAZO CÓSMICO

 

Oscuro y reluciente

elige la noche su color elucubrante.

Busca así las estrellas que pacen en oriente.

Se anuda a las constelaciones:

aros, halos envueltos en la luz,

sonámbulas mariposas que tiñen el otoño

y suben la marea.

Todo lo penetra y expone

su ola reverberante.

La noche llega y se lleva los milenios,

pugna por detener marejadas enormes

de luces en lo alto.

Perviven las estrellas y los días.

Algarabía del existir y del sentirnos

(tratamos de evitar duelo y caída)

Pero vamos andando, tomamos aserrín

mientras se adhiere polvo a la madera pensante.

Conocimiento mayor

que se posee:

El soplo se levanta empieza a andar,

errante continuo no caer (¡y no caerse!),

si cae, la muerte y el vacío,

designio del plano horizontal.

Vienen entonces, por olas, los abrazos,

apretados exploramos los abismos.

No caigamos, por tanto, abracémonos...

Si caemos

polvo y ceniza somos, y tiempo sometido.

 

 

POEMA DE LOS ENIGMAS

 

1

Cuando suelen pasar

montañas grises

-vagas torres astrales-

veo la maduración

de la luz sonorísima

revelada en imágenes...

2

"Señor", te llaman,

das vuelta, te ves, eres un niño

colgado de la gran

interrogación esperada..

3

Y te vuelves por ver...

A ver: mirar te llama.

¿Quién no se enredaría entre aspa y remolino

si al hundirse se vive la razón imperfecta?

4

Hay una mano -¿cuál?- que planta las preguntas

en otra mano -¿cuál?- que adrede las reclama.

 

 

EL NÚMERO

 

El secreto del número -el través

de todo lo mortal o aparecido-

ha sumado ha restado ha dividido

desoyendo las leyes de Moisés

Como grupo juntaron treinta y tres

Un siete son los sabios... y esculpido

hay un dos en la flecha de Cupido

y en el Gólgota -heridos- reinan tres

Difundió su semilla en epidemias

abolló las ubicuas polisemias

poseyó las medidas de las ágoras

empapó cada cosa el lecho el vaso

y el mundo saltarín como un payaso

sobre la hipotenusa de Pitágoras

 

 

LA REFLEXIÓN DE SAULO

 

Ya nunca blandiré palabras ni emociones.

Me iré a dormir muy lejos del jardín encendido.

Transformaré mis armas: las fundiré y con ellas

me haré yo la medalla para grabar mi sino.

¿Por qué me anduve siempre escuchando letras muertas?

¿Por qué como alfarero me entretuve en el barro?

¿Por qué hube de esperar todo este tiempo, dígome,

cuando es mejor volverse para besar el látigo!

Yo me oía en la noche, zumbando en mis temores.

La oscuridad en su amplio costado me envolvía

hasta dejarme ciego en mi soledad austera.

Mas mi Damasco tiene su lógica escondida,

porque para el milagro de salvación entera

estaba yo más ciego cuando dijiste: "Mira".

 

____________________________________________

CUENTO DE LOS DOS QUIJOTES

 

Don Quijote a veces

sale de los libros

por tomar el aire

claro del camino...

Caballero andante,

valeroso, digno,

que embistió gigantes

brazos de molino.

Siglos lleva ya,

siglos, lleva siglos

entre editoriales,

entre linotipos,

entre letra y letra,

entre signo y signo,

entre las solapas

y los pergaminos.

(Siempre que Quijote

sale de los libros

va buscando un aire

limpio, limpio, limpio...)

 

II

Al llegar a un pueblo

le detiene un niño

que le dice: -¿Puedo

conversar contigo,

valeroso hidalgo?

"Puedes, puedes, hijo",

dice el caballero

medio enternecido.

Luego, el niño empieza:

- Quiero ser tu amigo,

quiero ser tan grande

como tú lo has sido

deshaciendo entuertos

y a mi espada fío

redoblar la fuerza

de los desvalidos.

Si una viuda llora,

antes que el suspiro

llegará la mano

de este peregrino;

si un anciano cae

entre malhechores...

¡de seguro vengo

vadeando el río!

 

El hidalgo

no encuentra palabras...

Dice al final:

 

- ¡Sea como quieres,

como lo has pedido!

Nunca un buen deseo

yo le niego a un niño.

¡Salve, caballero

de los nuevos siglos!

¡Para nuevos tiempos,

nuevos desafíos!

¡Quiso Dios que en época

de mayor peligro...

cuando el hombre tiembla,

se levanten niños!

¡No deshonres nunca

tu palabra, nunca!

¡Cumple, siempre, siempre,

con lo prometido!

¡Ante mí levantas

del honor las actas!

¡Rocinante y Sancho,

sirvan de testigos!

III

Don Quijote, entonces,

sale del camino

y regresa al dulce

sueño de los libros

porque Dulcinea

-dice- le ha llamado

y él al mismo cielo

prometió su cuido.

"Y si te he pedido

que tú cumplas siempre,

por nada del mundo

desdiré lo dicho".

 

Se despiden.

Lleno

de emoción guerrera,

con el pecho ardiendo

se ha quedado el niño

que agrandó la noche

con sus pensamientos

y sin darse cuenta

se quedó dormido.

 

 

IV

Este cuento cuento,

pero en este punto

siempre mi relato

doy por concluido,

pero hay otra parte,

la que me reservo,

la que nunca cuento,

la que nunca he dicho,

que por ser quien eres,

porque te enterneces

y porque eres bueno

la diré, contigo:

Don Quijote, al irse,

cuando dio la vuelta,

de emoción ardiente

se alumbró lo mismo,

porque más allá

de los sufrimientos

los quijotes tienen

corazón de niño.

Y cuando el pequeño

cierra los dos ojos,

da en volverse el otro

por armarle, digo,

y al hallarlo quieto,

tan santificado,

sólo una pregunta

le acercó al oído:

- Si despierto sueñas,

soñando de veras

¿cuáles sueños sueñas

tú, caballerito?

 

 

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